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Crónica del Liminal GR de ayer. Allá voy. Alguien dijo que nos habíamos dejado el plato fuerte, la fabada, para después del postre. Y puede que tenga razón pero lo cierto es que sirvió para irnos a casa con un par o tres de titulares para la reflexión. Ya me disculparán si me entretengo un poco en la fabada pero es que había para untar pan y rebañar. Un buen Liminal GR son risas, pero también preocupaciones. Y es por ello que voy a empezar por la Preciado, lo último. Se arrancó Beatriz practicando un rato de arqueología de la modernidad. Primero una genealogía terminológica y luego una clínica. Boudoir significa algo así como enfadarse. El lugar dónde se retiran los mujeres reglosas y con malos humores. Un primer lugar íntimo, mucho antes que el retrete. (y es que el agua era fuente de infecciones!). Es en el boudoir dónde se inventa la lectura íntima de literatura libertina. Y también en el boudoir aparecen el saber sexual y las técnicas corporales que no tienen fines reproductivos. Y dijo Beatriz: el boudoir es la cocina del sujeto sexual moderno. Nos habló de arquitectura y de Madame de Maintenon en el Palais de Fontainebleau y de Thérèse Philosophe. Nos habló del voyeur que mira violaciones y desnudos por la rendija. Y en estos saberes sexuales nace el striptease. Y de ahí pasamos a la crinolina y nos mostró la arquitectura de los vestidos a las antípodas de nuestro pret-a-porter. En la conformación del “hombre moderno” sabíamos del flaneur y del voyeur. Pero, ojo, también está el passeur que ayuda a las mujeres a pasar con sus aparatosos vestidos por encima del barro de las primeras metrópolis. En el primer show Pere Faura había dicho que el striptease por definición dura tres o cuatro minutos. Bien, pero Beatriz le matizó que, en los vestidos con crinolina, vestir a una mujer era un acto público y colectivo. La crinolina es algo así como un boudoir portátil. Privacidad y portabilidad hasta la asfixia y el desmayo. (Esta tortura todavía se fabrica).

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Personalmente, siempre me dió cierto reparo hurgar en el bolso de una mujer. Ahora ya sé de dónde me viene!  Se trata de una historia de ocultación de lo íntimo. Algo así como un striptease Gracias Beatrix!. Y dijo Beatriz: “El striptease inaugura una taxonomía política del cuerpo”. La historia del striptease no es tan solo un asunto de dominación heterosexual. La cosa es más compleja. La afición por el desnudo corre en paralelo a una nueva clínica y sobre todo a una expansión colonial europea desenfrenada. El striptease inaugura el deseo machista, pero también racista y colonialista. ¡Y es por ello que vamos a dejarnos las pestañas en talleres de estos de análisis cultural como los que hacemos en Liminal!  Y nos habló de la clasificación de los humanos en razas por el color de la piel, y de la Venus de Hottentote, tratada como mono de feria y como prostitución… Apasionante pero, bah! Se le acabó el tiempo, eran casi las once! Una lástima.

Y ahora me vuelvo al principio. A Pere Faura y su striptease. Empezó con homenaje al archiconocido striptease de la petarda esa Demmi Moore. Y luego nos dijo: en el teatro no sabemos lo que va a pasar y en el striptease no hay esa intriga. El  striptease y el deseo  postmoderno es anticipación de lo ideal. Y en esas se empezó a cachondearse de todos. También de Beatriz y sus postmoderneces. Y resulta que lo estaba grabando todo, y ahí nos puso en pantalla grande una repetición de las mejores jugadas. Pues resulta que el espectáculo era una reflexión sobre los modos del ver y la mirada del espectador. A mi me pillaron un primer plano con la lengua fuera. ¡Madre mía! ¡Qué vergüenza! Muchos aplausos. ¡Bravo! Un arranque primoroso.

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Un posible primer balance de este Liminal GR es que se desnudaron tres hombres y solo una mujer, (3 pollas X 1 chocho). Y me dirán que esta clasificación no aporta nada, pero también es verdad que habla muy bien del talante de Liminal Gr. Menos porno patriarcal y más cultura visual.

Desnudamos a tres hombres, a una mujer y también un par de poemas. Esto fue el espectáculo de Poetstrip de Zabel & Pan. Desnudaron un par de poemas de Cristina Peri Rossi. Un intento para buscar una mirada sensual y femenina a través de la poesía y el movimiento. Gustó.

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Le tocó luego el turno a Fran Blanes y su proyecto Venus. Apareció en escena vestida de azafata de avión y habló de la mujer como ícono de las Bellas Artes en tres minutos, bueno un poco rápido. (Por si no lo sabían eso de las Bellas Artes es para revistas de avión, museos y otros servicios turísticos) Y acabó proyectando el archiconocido origen del mundo de Courbet. Y ahí rajó la tela dónde proyectaba y se metió dentro para empezar un striptease de luz roja, luces y sombras.

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Si Pere se metió con Demmi Moore, Fran fue a por Kim Bassinger y sus nueve semanas y media, que en este caso es una eternidad. ¡Y venga a sacarse prendas de ropa! Y ahí te volvías loca deseando y sorteando estereotipos de lo masculino y lo femenino. Más algún tropiezo torpe que todavía le daba más gracia a la escena. Y luego nos ofrece un video, recuerdo de su infancia, en el que canta y baila Pimpinela. Estaba para comérselo. Qué loca estás Fran. También muchos aplausos.

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Y ahora Noa Reshef, Bajo un fondo de algo que me sonó a techno-hardcore berlinés, (perdón que me invento el estilo, pero no puedo estar en todo), su striptease consistía en una investigación sobre este género, sus reglas y sus clichés. Una disertación sobre la seducción como forma de comunicación. Primero anduvo muy bien en tacones, luego se sacaba cerillas de las tetas y de otros sitios y hacia juegos de artificio. También fue un debido homenaje al burlesque. Se iluminó las tetas con linternas y empoderó a la mujer striper. Claro que sí.

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Y ahora vamos a por Jaume Ferrete y su Voz Leak, su patetismo físico y su polla fresca. Qué  voz! Hablar bien es sexy. Se ayudaba de un par de racs de efectos y un ordenador que estaban por ahí en el suelo. Y él hablaba y se movía entre lo patético y lo sexy. A mí se me antojó que era un sex symbol, una rockstar postmoderna si eso es posible. Y nos incitó a participar y a declamar con él. ¡Lobito, trapo, chorizillo!,  ¡Lobito, trapo, chorizillo! Y, ¡Dejadme sola! Y todos, ¡Dejadme sola! Y al final se quedó sola gritando ¡Dejadme sola! Y muchos aplausos. Apoteósico, pero no era el final.

 

Como dije al principio, al final fue Beatriz Preciado. El plato fuerte. Y también estaba muy sexy, con sus Martins y su americana. Eso también me gustó. No usó micro, pues se la entiende muy bien. En definitiva, uno de los mejores Liminals, también largo pero muy sólido. Contamos con una ventaja. Nuestro público ya sabe comportarse. Ahora unas risas, ahora activismo, ahora preocupaciones. Buen rollo en general tricotando experiencias creativas. Bueno, eso lo veremos mejor en la sesión de crafterismo, pero antes nos queda el fin del mundo.

 

Marc Roig