“El ejercicio intenso durante años perjudica gravemente el corazón. Un estudio con ratas demuestra que el esfuerzo continuado acentúa las arritmias cardíacas.”. Eso lo sabíamos todos. Pasear es bueno y el deporte es malo. Someter al cuerpo a un estrés físico excesivo, seguro que es malo. Cada día vemos deportistas desplomarse sobre la hierba por problemas del corazón. Cada día vemos a padres que maltratan y explotan a sus hijos en nombre del olimpismo. Es evidente que el deporte de élite sólo tiene sentido con la ayuda de prácticas médicas al límite de la legalidad. La pasión por el deporte y la disciplina personal en ningún caso favorece los valores democráticos de diversidad y tolerancia. Más bien lo contrario.
Y a pesar de esto las administraciones gastan más en deporte que en cultura. No hay duda de que es más urgente que la ciudadanía sea culta, crítica y con sensibilidad artística que no que sea atlética y competitiva. Aún así, el deporte gana la partida. Y ¿cuándo se creará un movimiento ciudadano en contra del deporte y en contra del olimpismo? Si estás en contra del deporte ven a este liminal, pero sobre todo, ¡no corras!




