Era el año del señor de 1968 y en la vecina y liberal Francia se estrenaba Le viol du vampire, de Jean Rollin, cuyo título mutó en el casto Estado español por La reina de las vampiras.

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En el mismo año de gracia y en la misma onda erótico festiva pero en cachondo, nuestro héroe patrio Andrés Pajares grababa su Drácula yeyé. Una particular apropiación del mito trasmutado en chulazo que no vuela porque va en seiscientos, que no chupa sangre porque prefiere ver la tele y comer queso, que toma wisky a gogó y es amigo de unos cuantos jipis.

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Entresacando mis frases favoritas:
Soy un drácula yé yé que a nadie asusto
si no tiemblan ante mi no me disgusto
soy un vampiro genial que nada chupa
aunque después me dirán que estoy chalupa (…)
soy un drácula amigo de los hippies
tomo whisky a gogo y hago pipi
cuando salgo por las noches vuelvo pronto
porque tengo miedo que me salga el coco
(estribillo) Soy moderno, soy eterno
y lo estoy pasando bien.
Soy vampiro, con melena
Soy un Drácula ye yé.

Los nietos de ese Drácula ye yé tienen aifon y son vampiros vegetarianos, que es casi tan rijoso como la idea de un vampiro comiendo queso, pero con un punto naif y neocon. Véanlo si no y díganme qué les sugiere el vampiro crepusculero con la música de Pajares.